Tratemos de imaginar a un Néstor joven, un Néstor de la misma edad que esos miles que fueron a despedirlo, exploremos si se trataba de un iluminado, de un tocado por la varita, un predestinado a la grandeza o, tal vez, el que había enamorado a la más linda, un flaco del montón, de ese montón mítico y jugado con la historia de su pueblo, un tipo común que se fue haciendo grande al andar.
Pedro Guillermo Guastavino, senador por Entre Ríos, conoció a Kiechner en la Facultad de Derecho de La Plata por el año 71 o 72, militando en la Federación Universitaria por la Revolución Nacional (FURN), la agrupación peronista de la facultad. Una de esas siglas que crecían como flores silvestres de una época colosal. “Y ahí comenzamos a vivir lo que fue aquella época, la vuelta de Perón, la militancia juvenil, las discusiones, los debates”.Guastavino lo recuerda como un tipo entrañable, muy querible, con un excelente humor, con un enorme optimismo, un gran coraje, una gran valentía. “Él pensaba que si sosteníamos nuestras convicciones y principios íbamos a alcanzar lo que queríamos. No había imposibles para él. Esa era su personalidad.”
Uno imagina entonces, que en ese pibe sin imposibles estaba el germen del hombre que 30 años más tarde encontraría su lugar en la historia. Aunque uno siempre está tentado de suponer -casi siempre erróneamente- que estos tipos que llegan a estos lugares fueron siempre concientes de eso, que su camino no tuvo una sola curva, que Néstor sabía desde los 12 años que iba a ser el presidente que fue.
- ¿Te imaginabas que iba a ser todo lo que fue?
-Por supuesto que no, en aquel momento todos estábamos muy entusiasmados, soñábamos con un país más justo y creíamos que efectivamente lo íbamos a conseguir. Estábamos todos muy ilusionados en que el peronismo vuelva al gobierno. Pero ninguno pensaba en ambiciones personales, lo que queríamos era un país mejor y que realmente se pudieran plasmar nuestros sueños de justicia social.
Carlos Kunkel fue jefe de Néstor cuando estaba al frente de la FURN en la Facultad de Derecho durante los años 69 y 70. “Uno se iba acercando de a poquito y se iba integrando con mayores compromisos militantes. En el caso de él, la primera aproximación debe haber sido apenas llegó, en el año 69, y fue adquiriendo mayores compromisos militantes a medida que se iba consolidando. En general la militancia juvenil y específicamente la Juventud Peronista, empezó a tener una participación mucho más masiva a partir de todas las movilizaciones que se dieron en el país, primero en Corrientes, luego con el Cordobazo. La Plata también era un lugar de activismo muy intenso y muy dinámico”.
Para entender al Joven Néstor, qué mejor que explorar su contexto a través de quien fuera su jefe político. Sigue Kunkel: “Después de haber estado al frente de la Facultad de Derecho pasé a ser Secretario General de la Juventud Peronista de La Plata, que abarcaba no sólo el frente universitario sino las agrupaciones de docentes, las agrupaciones gremiales, territoriales, era una estructura militante muy numerosa con muchos clubes de barrio, sociedades de fomento, sindicatos. Era una estructura muy masiva en la que siendo estudiante tenías la obligación de rendir materias, era una organización con reglas muy claras para el compromiso que teníamos que tener. Fue una escuela de militantes y por eso hubo trascendencia de muchos de ellos a pesar de que tuvimos desapariciones y asesinatos de muchísimos compañeros. Era una escuela de formación de cuadros y de militancia. A partir de allí hubo quienes murieron, quienes desaparecieron, quienes tuvieron oportunidad de crecer y quienes no la tuvieron, y evidentemente Néstor Kirchner fue el emergente más destacado de toda esa generación de la Juventud de La Plata. Hay una etapa de formación y una etapa de consolidación de la praxis política que es la que hace que uno siga o no. Esa escuela generó dos cuadros como Néstor y como Cristina que recuperaron las banderas históricas del peronismo y lo hicieron realidad y lo están haciendo realidad de cara al siglo XXI”.
Ante la pregunta de si acaso Néstor ya mostraba ser lo que iba a ser, Kunkel contesta: “Como todas estas cosas, después uno le da la trascendencia a los hechos, ¿no? En ese colectivo todos los compañeros tenían características muy particulares y de mucho compromiso por la estrictez de las normas con las que nos manejábamos. Obviamente si vos le preguntás a un profesor de primer año de Favaloro si ya preveía que la Fundación iba a ser tan grande, te va a decir que no”.
Acá hay una cosa digna de destacar: el hecho ineludible de que toda vida se va haciendo con el tiempo, y que no hay plan ni predestinación. Tal vez, para no caer en panegíricos innecesarios y hasta falaces, la virtud de Néstor fue haber leído como nadie la crisis, haber puesto al Estado en función del cumplimiento de demandas históricas para la democracia argentina, haber estado muy claramente a la altura de las circunstancias. Y con eso, sobra.
El otro mérito, eso está más que claro, es haber enamorado a la flor más bella de las diagonales. “El comentario siempre era cómo alguien no tan agraciado -digámoslo- había podido enamorar a Cristina que era tan bella”, cuenta Guastavino. Algunos compañeros recuerdan de Néstor, sobre todo, eso: su novia. “Cristina era mucho más joven que yo- sigue Kunkel- de ella no me acuerdo más que era la más bonita de la facultad, Néstor tenía una gran capacidad de persuasión…”
Guastavino guarda recuerdos vivos en su mente, de los tiempos en que la JUP de La Plata se movilizaba en tren a la Capital “Y me acuerdo de la figura divertida de Néstor en los vagones, siempre agitando, siempre haciéndose notar, no porque quisiera hacerlo sino porque le ponía mucha pasión a las cosas. Caminaba por todo el tren, cantaba, inventaba consignas a pesar de que eran momentos difíciles, pero él siempre tenía la cuota de optimismo y de alegría”.
Treinta años más tarde y con la misma alegría Guastavino compartió un último momento que va a guardar como un tesoro en su memoria: “Tuve el privilegio de que 20 días antes de su muerte haya estado en Gualeguaychú en una jornada maravillosa, muy exitosa, con gran participación de la gente. Gualeguaychú es un lugar difícil, fue el epicentro del conflicto del campo, del conflicto por la pastera Botnia pero realmente fue muchísima gente, muchos jóvenes y él estaba muy feliz, yo me quedé con esa imagen”.
Kunkel también guarda recuerdos viejos que se mezclan con otros mucho más recientes. Aquellos, llenos de polvo, se resignifican con éstos que por recientes, todavía no asumimos como capítulos determinantes de la historia. “El día que asumió Héctor Cámpora la presidencia había una grado de desorden importante, entonces fuimos a la Plaza y nos pusimos a ordenar un poco con el grupo de La Plata porque no podía acceder nadie a la Casa Rosada -ni siquiera el presidente electo- porque las fuerzas de seguridad quisieron ser represivas y fueron superadas por la gente. Logramos garantizar el acceso y la circulación de los mandatarios que venían a la jura del presidente y el acto de asunción. Néstor era de los que estaban ahí ordenando los cordones y el acceso a la entrada. Por eso nos emocionamos mucho los dos el 25 de mayo de 2003 porque justamente ese día se cumplían 30 años de aquel episodio”.
Néstor y Cristina vivieron en una casa en City Bell con Chiche Labolita y su mujer Gladys Dalessandro. Chiche corría peligro porque militaba en JP Montoneros y los Kirchner, recién casados, los ampararon en su casa. Ahí vivieron unos meses hasta el golpe de Estado del 76. “Eso pinta la solidaridad de la pareja. A mi Cristina prácticamente no me conocía y nos abrieron las puertas de su casa. Eran momentos muy difíciles los que se vivían en La Plata. Era muy difícil amparar a un compañero con problemas de seguridad, eso es de destacar. Por ahí en la distancia no se alcanza a entender que el sólo hecho de amparar gente era un gesto muy importante”, cuenta Gladys, una peluquera de Las Flores cuyo compañero Chiche está desaparecido.
-¿Cómo lo recordás?
-Mi recuerdo de Lupín es de un tipo solidario, un tipo franco. Era de esos compañeros que se destacaban más por su persistencia que por su oratoria. Lo mismo que pasaba ahora. Yo creo que se fue haciendo, pero los dos eran muy inteligentes. Igual, yo la veía a Cristina más inteligente. Pero tuvieron la fuerza de querer llegar y de haber llegado. Para todos los que fuimos sus compañeros, nos da mucho orgullo. Ver esa plaza y pensar “esto lo generó un compañero”, me pegó muy profundo. Nunca la gente estuvo tan cerca de un funcionario. Eso tienen ellos, aparte de todo lo que han logrado. La gente podía llegar a él como si fuera un tipo más. Yo siempre lo seguí viendo como aquel compañero entrañable que se brindaba al otro. En eso no cambió absolutamente nada. Y el gran legado de Néstor es que haya resurgido la política.
- ¿Qué recordás de la cotidianeidad de esa convivencia?
- Que en la casa se hablaba mucho de política, era un tema constante y que nosotras éramos malas cocineras.
En el 83 Néstor fue presidente de la Juventud Peronista de Rio Gallegos. “En Rio Gallegos hay un tanque de agua muy grande donde pegábamos afiches. Amanecíamos ahí para ser los primeros y llenar el tanque de afiches antes que los radicales. Pero ellos venían y los sacaban entonces teníamos que hacer guardia para cuidarlos. Nos escondíamos con palos y cuando venían los radicales los salíamos a correr. En una de esas boleadas la ligué yo y todavía tengo la cicatriz. Era Bravo. Esa fuerza ya la tenía adentro”, cuenta Ida del Carmen Vidal, oriunda de Rio Gallegos y compañera de Néstor desde muy chiquito. “¿Vos sabés por qué le decían Lupín? Había una revista que se llamaba Lupín y había un personaje idéntico a Néstor”.
La historia que siguió hasta que Lupín se hizo presidente la conocemos todos. Cómo sigue esa historia es la pregunta. Siendo jóvenes la figura de Néstor nos impacta, nos conmueve, nos inspira a recogerla y seguirla. Por eso tal vez intentamos reconstruir al Joven Néstor y en esa tarea nos damos cuenta que cuando los sueños siguen intactos a los 60, entonces se sigue siendo joven.
“Me parece que en Néstor, los jóvenes han visto a quien además de hacer prácticas políticas y ejercer de distinta forma el poder, ha tenido una forma de llegarles y convencerlos de que no los engañaba como tantos otros políticos los han engañado o defraudado a estos o a otros jóvenes en los últimos 25 años”, explica Kunkel. Y la conclusión es: Néstor seguramente tuvo un gigante adentro desde chico, pero lo hizo crecer a fuerza de convicción y voluntad. Es decir, Néstor se nace pero sobre todo se hace. Como a él le gustaba decir, era un tipo común con grandes responsabilidades. Entonces, vos, que hace poco empezaste a militar y te sentís un poco nabo a veces, vos podés llegar a ser un Néstor. Ya lo dijo Cristina: “en cada una de esas caras, yo vi la cara de él cuando lo conocí, ahí estaba el rostro de él, exacto”. Hacete cargo.
Por Julia Mengolini



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